Un latinoamericano visitando Ucrania

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Carlos Trujillo es un colombiano apasionado por los viajes que hace parte del equipo de “Expertos Tradvi” en la reservación de vuelos por Internet. Una de sus mayores áreas de experiencia son los vuelos en el continente europeo, el cual ha podido explorar ampliamente con tarifas promocionales en la mayoría de los casos.


Después de conocer un poco sobre la cultura ucraniana gracias a mi amistad con algunas personas de este país, decidí en Agosto visitar ésta perla del oriente europeo, en el que se convirtió en uno de los viajes más increíbles que he realizado. Ucrania no hace parte del acuerdo Schengen, así que es necesario tramitar visado para los nacionales de la mayoría de países de América Latina (con excepción de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Panamá). Dependiendo de la embajada, en algunos casos también es requisito obtener una carta de invitación emitida por una agencia de viajes local. Hay que añadir que no hay embajada en todos los países de la región. Por esta razón, la seccional peruana presta sus servicios a los ciudadanos de Colombia y Ecuador, y la mexicana a los de Costa Rica y Guatemala, por citar dos ejemplos. En mi caso pude hacer el trámite con mi pasaporte colombiano en la embajada ucraniana en París, ya que en ese momento contaba con visado de estudiante en Francia.

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He realizado la mayoría de mis viajes solo y éste no fue la excepción. Mi elección fue volar a la República Checa desde España en la aerolínea Vueling para continuar el recorrido por tierra, atravesando también Polonia. Todos los autobuses y trenes los reservé con anticipación por Internet directamente en los sitios web de las compañías prestadoras del servicio (PolskiBusLEOExpressUkrzaliznytsia). Algunas de las páginas no tenían versión en inglés (de español ni hablar), pero no es nada que el traductor de Google no pueda solucionar. Ucrania es un país de gran extensión, así que en esta ocasión decidí concentrarme en la parte occidental de su geografía. Tomé entonces un autobús desde Cracovia hacia Lviv (8 horas), la principal ciudad de esta zona; considerada la más “europea” del país y en la cual es más común comunicarse en ucraniano que en ruso, a diferencia de otras regiones (incluyendo Kiev, su capital). El paso fronterizo en autobús fue mucho más sencillo de lo que esperaba. Ucrania tiene algunos conflictos políticos en la actualidad y en ocasiones se generan grandes filas para cruzar la frontera, pero éste no fue el caso. Ni siquiera tuvimos que descender del mismo. Durante mis primeras horas en Lviv pude confirmar lo que había leído en reseñas de otros viajeros: visitar Ucrania es sentirse en Europa y en otro lugar al mismo tiempo. Es pasar de la arquitectura, el arte en las calles y la amplia oferta gastronómica europea, a los mercados informales, el café de calidad (en serio) y la camaradería que estamos acostumbrados a ver en cualquier ciudad latinoamericana, a sólo dos calles de distancia. Personalmente encontré fascinante este contraste. Debido a la fuerte devaluación que ha sufrido la “Grivna” en los últimos años, Ucrania resulta sumamente asequible para los visitantes, llegando a ser en algunos casos tres o cuatro veces más barato que países como Francia o España. Hay muchas casas de cambio en las calles con precios competitivos, así que se puede llegar sin problema con Euros o Dólares y cambiarlos allí.

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Gracias a una de mis buenas amigas en Ucrania, tuve la fortuna y el privilegio de ser invitado a una boda en la región de Ivano-Frankivsk. Esta es una oferta que un viajero apasionado por conocer nuevas culturas no podría rechazar. Es ver las costumbres, gastronomía, estilos musicales y de fiesta en cuestión de pocas horas. Valió totalmente la pena. Probé una incontable variedad de platos y bebidas (muchas de las cuales no puedo recordar el nombre), y pude compartir más de cerca con su gente, con quienes ya estaba encantando a esta altura. Los ucranianos están orgullosos de su cultura e historia, y abiertos a contarla con entusiasmo. Desde el primer y hasta el último momento, a pesar de que no hablaba su idioma, ni entendía muy bien su alfabeto (y muy pocos de ellos hablan inglés), se portaron increíblemente bien conmigo y tuvieron la paciencia para ayudarme, o simplemente tener excelentes “conversaciones” con todo tipo de herramientas lingüísticas (desde señas hasta el traductor de Google). Y es que el idioma ucraniano o ruso no son fáciles de entender de entrada. Me sentía como un niño aprendiendo a leer. En una ocasión tardé más de treinta minutos descifrando los productos de aseo personal con etiqueta en alfabeto cirílico en un supermercado, para finalmente comprar algo diferente a lo que buscaba. No sólo fue divertido; también representaba un interesante reto cultural.

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La capital de la región fue mi base durante los siguientes días para visitar otras ciudades y pueblos cercanos. Soy un viajero independiente cuya ultima opción es hospedarse en un Hotel. En Europa mi elección suele ser Airbnb, Hostales, o Couchsurfing en algunos casos. Sin embargo, el rango de precios de Ucrania me hizo cambiar de opinión en esta ocasión. Me hospedé en el Hotel Nadiya, uno de los mejores de la ciudad (super recomendado), por €13 la noche (he pagado el doble por hostales de baja calidad en París). Nuevamente gracias a la inmensa hospitalidad de mis amistades allí, pude visitar en su compañía lugares como Kolomyya, Yaremche y Polyanytsya, en los Montes Cárpatos, en donde ví algunos de los paisajes más impresionante de mi vida. También fui bienvenido en sus casas, en donde probé maravillas de su gastronomía y compartí con sus familias. Cada vez entendía más que aunque estemos a tantos kilómetros de distancia, sus costumbres se asemejan en gran medida a las nuestras. Recuerdo especialmente platos y bebidas típicas como el famoso Borsch (una deliciosa sopa a base de remolacha), Varenyky, Mlyntsi y Uzvar, entre otros.

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Después de una semana en el país (mi visa sólo me permitía diez días de estadía), regresé a Lviv, desde donde tomé un tren-cama nocturno con destino a Chop, en la frontera con Hungría, antes de continuar mi camino hacia Budapest para volar de regreso a España, esta vez en Ryanair. Los precios de los tiquetes de tren en Ucrania son sorprendentemente bajos. En el paso migratorio Húngaro, al que llegué en la madrugada, las autoridades retuvieron mi pasaporte por al rededor de 15 minutos (supongo que no es muy común encontrar un colombiano cruzando esa frontera), pero finalmente pude seguir sin problema.

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Para mi sorpresa, después de visitar más de 10 países en Europa —por largas temporadas en algunos casos— Ucrania resultó ser el más fascinante. Más allá de sus impresionantes paisajes, su amplia y deliciosa gastronomía, la conocida belleza de sus mujeres, y lo barato que resulta para los viajeros latinos; lo que más me impactó fue la calidez y hospitalidad de su gente. Es difícil imaginarlo sin estar allí, pero en este extremo oriental de Europa es donde más encontré las costumbres y trato entre personas con las que estoy familiarizado como latinoamericano. A diferencia de muchos países del viejo continente, en los que ya están cansados del alto flujo de turistas, en Ucrania se encargan de que el visitante disfrute al máximo su estadía, brindándole siempre una gran sonrisa y toda su paciencia en cada interacción. El trámite de la visa puede llegar a ser tedioso, pero la recompensa es muy grande.

Я люблю Україну!

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3 Comments on “Un latinoamericano visitando Ucrania”

  1. Carlos, como dirían los españoles ¡Que pasada! Al parecer esa experiencia que viviste ha sido genial. He visto tus fotos en Instagram y admiro mucho tus rutas y lo que vives al viajar. Pronto viajaré a 5 países europeos y tendré la oportunidad de visitarlos con calma y de pasar un buen tiempo en el campo. Espero ver paisajes increíbles como los que describes y de verdad te envío un abrazo gigante.
    Saludos desde Cali
    @jhonreist

  2. Muchas gracias por enseñar esta cara amable de mi país en estos momentos difíciles

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